Justo Puerto: “El analista de datos está de moda porque tiene una rentabilidad inmediata que es perceptible por la empresa”

Justo Puerto: “El analista de datos está de moda porque tiene una rentabilidad inmediata que es perceptible por la empresa”

IMG_2578Justo Puerto en el CIO el pasado 3 de julio. | Foto: Carla Serrano

Justo Puerto es catedrático en la Universidad de Sevilla y también ejerce como investigador en el Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla (IMUS), aunque anteriormente trabajó como estadístico en el Hospital Universitario Virgen de Valme de Sevilla. Ha sido profesor visitante en universidades de Alemania, Puerto Rico, Estados Unidos o Japón, entre otras. Además, es miembro de los grupos españoles de Teoría de Juegos y Localización desde 1994. Ha publicado cinco libros relacionados con la Teoría de Juegos y la Optimización y ha colaborado en una veintena más. Asimismo, acumula 200 publicaciones en revistas de gran prestigio.

Pregunta. El diario The New York Times considera al científico de datos como “la profesión más sexy del siglo XXI”. Y vaticinó que un 40% de las empresas que demandasen este perfil en EEUU en 2018 se quedarían sin cubrir ese puesto. ¿Cuáles son los sectores y los tipos de empresa que más demandan la figura del analista de datos en España?

Respuesta. Este artículo que mencionas hacía referencia a una profesión que se llama Analytics. La traducción es correcta, pero lo que hay detrás de este término es algo más amplio que el análisis de datos en sí. El término Analytics se refiere a todo profesional que es capaz de hacer análisis de operaciones, tanto de datos como de máquinas, como de personal. Es una apreciación un poco más amplia. Por eso, quizá sea mucho más ambicioso de lo que podríamos pensar de un análisis de datos en España. ¿Por qué no hay suficientes profesionales para esto? Es como todo: cuando una profesión se vuelve viral, se convierte en sexy. Todo el mundo quiere tener un experto cerca y no hay expertos para todo el mundo. Entonces, solo la gente que tiene una formación en Investigación Operativa y en Ciencia de Datos son verdaderos expertos en Analytics. En Estados Unidos creo que hay unos 5.000 y muchos de ellos ya tienen puestos en universidades o en empresas. Y los que se gradúan cada año pueden ser 100 o 200 personas que entran en el mercado. Si cada empresa del ámbito del transporte, de análisis de datos, de gestión de personal o de finanzas quiere tener un profesional en este ámbito, no hay suficientes.

P. ¿Y cuáles son los sectores que más demandan este puesto en España?

R. En España las grandes empresas tienen un gabinete de Analytics, que aquí se llama Ciencia de Datos. Algunos ejemplos son Repsol o Iberia. Hay otras que, aunque no tengan un gabinete como tal, sí cuentan con expertos como por ejemplo los bancos, las compañías de seguros, Renfe, El Corte Inglés. Y todos los que se dedican a analizar datos. También hay muchas pequeñas empresas que se dedican a esto en Madrid y en Barcelona. Además, el Ministerio de Defensa tiene tres gabinetes, uno para el ejército del aire, otro para la marina y otro de tierra

P. El salario de un analista de datos en España se sitúa entre los 40.000 y los 75.000 euros al año, y ahora mismo faltan profesionales cualificados para el puesto. ¿Por qué el analista de datos se ha convertido en uno de los perfiles más buscados y mejor pagados en nuestro país?

R. Está de moda porque tiene una rentabilidad inmediata que es perceptible por la empresa. El analizar mercados, el determinar perfiles de clientes o el determinar precios de productos que salen al mercado son cosas que se hacen diariamente y se han dado cuenta de que, con un poco de inversión, obtienen una rentabilidad inmediata. No tienen que hacer una gran inversión, ni un departamento de I+D, sino tan solo analizar un conjunto de datos que se puede hacer con un ordenador personal y un experto que sea capaz de manejar unos programas tipo Python o R. Y creo que la respuesta está en que tienen una repercusión inmediata en la cuenta de resultados.

“Hay cuadros directivos de empresas que tienen deficiencias en formación de Análisis de Datos y ese desconocimiento los lleva a no usar esta herramienta”

P. ¿Las universidades españolas están formando a sus estudiantes, con titulaciones puestas al día, para ser auténticos analistas de datos? ¿O son las empresas las que se tienen que encargar de formar a sus trabajadores?

R. En el mundo ideal esa formación se debería adquirir en la universidad. Sin embargo, el mundo ideal es algo que está lejos del mundo real. En el mundo real las universidades españolas tienen unos planes de estudio que necesitan pasar unos procesos de acreditación y necesitan un tiempo de asentamiento que ha hecho que en estos momentos la formación de Analista de Datos como tal no se esté ofertando en muchas universidades. Hay algunos centros donde sí que tienen algún máster orientado a Análisis de Datos, pero es verdad que no es una tendencia global.

P. Quizás deberían actualizarse un poco…

R. Claro. Las cosas deberían actualizarse, pero que una titulación se pueda ofertar a nivel oficial requiere una trayectoria de acreditación, la discusión de un plan de estudios y unos trámites que no son rápidos y no se pueden improvisar. Para eso todo el sistema universitario español tiene mucha inercia. No se puede crear una titulación oficial de la noche a la mañana. Lo que pasa es que están surgiendo alternativas de formación más o menos fiables que están basadas en títulos propios; títulos que ofertan empresas, algunas de mucha calidad y otras de muy poca calidad. Cuando no hay un proceso de acreditación y control de calidad encuentras un rango desde lo bueno a lo malo.

P. No es más productiva la empresa que más recursos posea, sino aquella que mejores resultados obtenga. Y la optimización de recursos va de la mano del ahorro, un concepto muy importante para las empresas. Sin embargo, ¿por qué algunas grandes empresas todavía no hacen uso de esta herramienta?

R. Eso tiene que ver con la formación de los cuadros directivos de la empresa. Para que esta herramienta se aprecie es necesario que el equipo de dirección de la empresa comprenda que al utilizar herramientas analíticas van a obtener mejores resultados. Si eso no está en la formación del cuadro directivo, es algo que ni siquiera se plantea. Tenemos consejos de administración y cuadros directivos que tienen deficiencias en formación y el desconocimiento los lleva a no usarlo. Creo que esa es la explicación.

“Las Matemáticas en España están bien posicionadas a nivel global por número y nivel de publicaciones, pero faltaría que hubiera una estrella, una especie de referente del que todos nos sintamos orgullosos porque nos representa”

P. Y según su criterio, ¿cree que sería recomendable que una startup contase con un analista de datos desde el primer minuto?

R. Depende de la empresa. Quizá para el lanzamiento de la empresa sí que tendría que hacer un primer estudio de mercado, de posicionamiento, y para eso sí haría falta un analista. Pero depende de cuál sea el perfil de la empresa. Alguien que vaya a hacer microchips o que vaya a desarrollar una pieza de ingeniería es posible que no lo necesite. Quizás en el primer momento necesiten hacer un estudio de posicionamiento de mercado. Realmente ahí sí tiene cabida, pero en los inicios es posible que no fuera necesario en todos los casos.

P. Usted ha investigado también en localización de servicios y sus aplicaciones. ¿Cómo puede facilitarnos la adecuada localización de infraestructuras en la vida cotidiana?

R. Bueno, eso es fundamental. Nuestra vida cotidiana depende de los servicios, y los servicios se ubican siguiendo unos criterios de localización. Tener un hospital a una distancia razonable es fundamental en caso de un accidente. Tener un colegio en el entorno de un barrio es fundamental para que los estudiantes no tengan que desplazarse. Construir en zonas donde no se produzcan averías de agua ni inundaciones es obligatorio, porque luego se producen desastres, como estamos viendo. La vida cotidiana depende de muchas cosas, una de ellas es que las infraestructuras estén bien ubicadas, porque eso simplifica la vida de todos los usuarios.

P. Carmen Herrero, a quién entrevistamos recientemente, dijo que “un país que no investiga, que no innova, que no crea producto tiene las puertas cerradas al porvenir”. Usted ha sido coordinador de la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva (ANEP). ¿Se reciben muchas propuestas de proyectos hoy en día en España?

R. Participé en la Agencia Estatal de Investigación durante unos años, en el área de Matemáticas. En esta área se presentan anualmente en torno a 200 proyectos de investigación. De los cuáles, hay una parte que son de investigación básica y otra que son de retos de la sociedad y de la ciencia. Para el colectivo de matemáticos que hay en España, 200 proyectos anuales es un número adecuado, de los cuáles se financian alrededor del 60%. Unos tienen toda la financiación que solicitan y otros menos, pero en el área de Matemáticas la investigación es adecuada y está razonablemente financiada.

“En los últimos años nos hemos dedicado a pagar con dinero público estudiantes de doctorado brillantes que han terminado fuera, revirtiendo el valor que tendría que revertirse en la sociedad española en otras sociedades”

P. ¿Cree que estos proyectos están bien enfocados o deberían ser más específicas en cuanto a la temática o la aplicación?

R. Yo creo que el 60% de los proyectos estaban bien enfocados y por eso recibieron financiación, mientras que el resto no y por eso no recibieron financiación. Los grupos de investigación en Matemáticas en España, tanto los que hacen Matemática básica y pura, como los que hacen Matemática Aplicada, como el resto de las áreas de los campus, se clasifican entre los que hacen bien su trabajo y los que hacen menos bien su trabajo. Y los que lo hacen bien, lo hacen muy bien. Los otros están mejorando.

P. Según su experiencia, ¿qué aspectos se podría mejorar a la hora de proponer un proyecto?

R. Tendría que haber una apuesta por conseguir un mejor posicionamiento internacional en Matemáticas, en el sentido de que las Matemáticas en España están bien posicionadas a nivel global por número y nivel de publicaciones, pero faltaría que hubiera una estrella, una especie de referente del que todos nos sintamos orgullosos porque nos representa como Rafa Nadal o Fernando Alonso. Personas que crean una atención mediática que hace que la sociedad se fije en algo, porque como te he dicho antes, la investigación Matemática en España se hace bien y desde hace años los índices que se consiguen a nivel internacional son muy buenos y tenemos en la universidad grupos de investigación matemática que se encuentran entre los 50 mejores del mundo, pero falta que nuestra sociedad se sienta orgullosa del trabajo que se hace en la Matemática española y es difícil. Eso solo se consigue con campañas mediáticas o con alguien que se convierta en una estrella notable en el ámbito internacional.

P. ¿Cómo ve el futuro de las Matemáticas en España?

R. Tengo una visión un poco pesimista. Durante años se ha ido produciendo un relevo generacional: formas a gente que llega a formar parte de los grupos de investigación, aprenden todo lo que tú has tardado 30 años en entender a nivel del máximo conocimiento internacional, y eso funciona como una especie de gremio donde uno va formando a otro y se produce un relevo generacional. Esto es un movimiento continuo dónde el conocimiento no se pierde. Lo que se ha conseguido con el esfuerzo de mucha gente y la inversión pública a lo largo de 30 años se va manteniendo. En los últimos años esta tendencia se ha roto, y las universidades y los centros de investigación no están propiciando el relevo generacional. Entonces, en unos cuántos años toda la generación que empezamos prácticamente a finales de los años 80 vamos a llegar a nuestra edad de jubilación y se va a producir una fractura en la gente que nos reemplace. Y si se produce esa fractura, volver a recuperar esos años perdidos y ese conocimiento no amortizado va a dar lugar a un retroceso en lo que es el posicionamiento de las Matemáticas españolas a nivel internacional. Esto todavía no es inminente y se puede revertir, pero hay que dar la voz de alerta ahora.

“Hay que buscar cómo rescatar talento y cómo buscar el reemplazamiento de las generaciones porque ya estamos en la segunda parte de nuestra carrera profesional”

P. Según su criterio, ¿qué podemos hacer para revertirlo?

R. Lo que podemos hacer es que las universidades puedan volver a contratar a gente excelente. Que los centros de investigación puedan contratar a gente realmente valiosa y que no estemos formando a gente con dinero público español para que reviertan su plusvalía en centros de investigación alemanes, americanos, ingleses, canadienses… Porque en los últimos años nos hemos dedicado a pagar con dinero público español estudiantes de doctorado brillantes que han terminado fuera, revirtiendo el valor que tendría que revertirse en la sociedad española en otras sociedades. A nivel individual es un éxito para cada uno de ellos, porque reconocen su valía y su prestigio, pero a nivel de nación es un desastre porque estamos formando a la mejor generación que nunca ha habido en la historia de España y un alto porcentaje de ellos terminan trabajando fuera. Hay que buscar cómo rescatar talento y cómo buscar el reemplazamiento de las generaciones porque ya estamos en la segunda parte de nuestra carrera profesional.

 

 

¡No te pierdas el seminario que Justo Puerto impartió en el CIO!

Emilio Carrizosa (II): “Hay un abuso por parte de los sectores de las nuevas tecnologías en cuanto a la cantidad de información que adquieren sobre nosotros”

Emilio Carrizosa (II): “Hay un abuso por parte de los sectores de las nuevas tecnologías en cuanto a la cantidad de información que adquieren sobre nosotros”

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Emilio Carrizosa impartiendo un seminario en el CIO el pasado 27 de mayo. | Foto: Irene Moreno

Puedes leer la primera parte de la entrevista a Emilio Carrizosa aquí.

Pregunta. La mayoría de técnicas estadísticas llevan décadas desarrolladas, pero no se han podido utilizar hasta que no se ha desarrollado la tecnología computacional necesaria. ¿Cómo compensa, en este sentido, la inversión necesaria en tecnología?

Respuesta. No hace falta una gran inversión. La tecnología está ahí y los datos están ahí. La Estadística, el Análisis de Datos del siglo XX y el previo al siglo XX era un Análisis de Datos que respondía a una realidad: que había pocos datos porque era muy costoso acceder a esos datos. Ahora mismo los datos están ahí porque estamos todos monitorizados. Y no hablemos ya si tenemos un reloj de estos modernos, o a través de nuestro teléfono móvil. Si hacemos uso de las redes sociales con más motivo todavía. Los datos están ya ahí. Si tenemos una base de datos con una cantidad ingente, sobre todo cuando estás movilizando imágenes o vídeo, el tamaño de los conjuntos de datos crece enormemente, pero ahí no está el problema. Para poder hacer un análisis sofisticado con las nuevas técnicas de ciencia de los datos, uno no necesita grandes máquinas. Ese no es el problema. Lo que necesita es conocimiento. Lo que necesita es que cada persona haya pensado y ahí es donde hay que poner una gran parte de la inversión. Las máquinas son baratas, la capacidad de cálculo se puede comprar, se pueden alquilar horas de procesamiento en máquinas que estén en la nube, o en EEUU, o dónde estén. Y ahí no está el problema, porque las máquinas ya están. Solo hace falta una pequeña inversión para adquirirlas y traerlas aquí o para alquilar espacio y tiempo de cómputo. Lo que hace falta es gente que sea capaz de transformar los datos que también están ahí en conocimiento. Y para eso, a parte de las máquinas, lo que hace falta son personas. Las estadísticas y la ciencia de los datos que tenemos hoy en día difieren fundamentalmente de la de tiempos anteriores en que antes había pocos datos. Entonces todo estaba optimizado para sacarle el máximo jugo a esos pocos datos que existían. Ahora el reto es que tenemos una cantidad ingente de datos y tengo que ver cuál es la manera de sacarle el conocimiento para que sea comprensible. Es una información útil para el que tenga que tomar las decisiones en cada momento.

P. El Big Data analiza cantidades ingentes de datos. ¿Son todos esos datos igualmente útiles? ¿Cómo podemos discriminar correctamente?

R. El reto no está en el Big Data. Este término tan sexy ha tenido mucho éxito mediático, pero más que big el adjetivo que hay que usar es complex. El problema no es que haya muchos datos, sino que hay datos complejos. Y son datos complejos cuando, de una misma persona, si estamos hablando de ciudadanos para saber a quién votarían o dónde comprarían, vamos a tener una información que pueden ser características propias del individuo relativa a su sexo, a su edad, a su trabajo o a su nivel de estudios. Luego vamos a tener otras variables que son la evolución de su cuenta corriente en el banco: si tiene o no tiene un crédito o si tiene dos. Si tiene coche o no; si alquila un coche y cada cuánto lo alquila. Eso hace que los datos, aparte de ser muchos, sean datos complejos. El que sean muchos datos es un problema menor, siempre que haya personas con una formación estadística suficiente, porque si el Big Data se reduce a meter muchos números en una máquina muy gorda y sumarlo o hacer una operación aritmética más sencilla, podremos estar orgullosos de que hemos hecho una operación aritmética sencilla con muchos números, pero es difícil que de ahí podamos extraer un conocimiento útil. Para obtener un conocimiento útil tenemos que ser capaces de discernir lo que es la paja del grano y para eso hace falta un conocimiento de formalización matemática y estadística profundo. Con el conocimiento de todos los datos que hay, posiblemente sea razonable quedarse con un conjunto mucho más pequeño. El problema no está en el tamaño, lo crítico es la complejidad que tiene, la cantidad de información que se recibe de diversas fuentes que pueden venir afectadas de ruido, que hay muchas dependencias entre ellas y que son modelos que no han estado validados previamente, lo cual supone un desafío nuevo, ya que no puedo utilizar los modelos de siempre porque las circunstancias que se dan no son las de siempre. Y tenemos un ejemplo bien sencillo cuando estamos hablando en estos días de elecciones y de predicción de resultados electorales. ¿Por qué las empresas demoscópicas unas veces aciertan y otras veces fallan estrepitosamente? ¿Por qué unas veces son capaces de detectar que un determinado partido político se va a hundir y otras no? Pues sencillamente porque estamos en una situación de inestabilidad política tremenda en la que nada se parece a lo que ha ocurrido antes. Entonces, los modelos previos no sirven. Hay que construir un modelo nuevo. No se trata de entrevistar a muchas personas. No es un problema del big, de tener una muestra de mucha gente. Se trata de coger una muestra de gente suficiente para hacer el análisis. Tampoco puedes entrevistar a poca gente, pero al mismo tiempo hacer un análisis profundo donde intervengan muchas variables y se puedan sacar variables de distintas fuentes. También hay que estudiar la evolución temporal de los análisis que se están realizando para poder hacer predicciones fiables. Entonces, hay que estar creando modelos continuamente y como son modelos no validados pues ocurre que alguna vez aciertas y otras veces te estrellas.

“El término Big Data ha tenido mucho éxito mediático, pero más que big el adjetivo que hay que usar es complex”

P. ¿Crees que los líderes políticos han aprovechado este auge del Big Data para movilizar a la población?

R. Bueno, lo intentan cuando están dándonos mensajes personalizados. Yo he jugado con mi hijo, que es universitario, a contrastar la información que él recibía y que yo recibía del mismo partido político. A él le hablaban de becas Erasmus y a mí me hablaban de pensiones. Entonces, evidentemente están sacándole un partido bastante importante a la hora de mandar los mensajes adecuados o que ellos consideran adecuados a los potenciales votantes. Ahora bien, se les está olvidando otra vez el hecho de que hay que invertir y formar a la ciudadanía en Ciencia, en Análisis de Datos… que no tienen que convertirse en unos expertos o estadísticos que compitan con los colegas del CIO o del Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla, pero sí que sepan lo suficiente para que entiendan, cuando les hablan de un valor medio o cuando están agregando cifras, qué consecuencias tiene esa manera de presentar la información que les están dando.

P. Hoy en día, existen algoritmos que parece que saben más de nosotros que nosotros mismos. Incluso también se han creado chatbots con los que puedes mantener una conversación. ¿Cómo va a afectar esto en nuestra relación con las máquinas?

R. Todo lo estamos haciendo de una manera aparentemente muy natural. Ya no nos sorprende intentar hacer una reserva de un restaurante a través del móvil. Y no solo eso, sino estar hablando con un operador virtual que cada vez es más inteligente y cada vez es más difícil que no nos responda de forma adecuada. Evidentemente hay un proceso imparable porque entre otras cosas el sistema de libre mercado en el que nos encontramos es una oportunidad de negocio enorme para las grandes compañías. De todas formas, yo no sé hasta qué punto la ciudadanía es consciente de lo que ese cambio está suponiendo en particular para un país como España, con un sistema productivo como el que tenemos. Sin entrar personalmente en la valoración del conflicto que hay en el gremio del taxi y las WTC, no debemos perder de vista que el valor añadido en uno de los casos se lo están llevando, en parte, empresas que están ubicadas en California o fuera de aquí. Empresas que están tributando fuera y que aquí están simplemente haciendo un servicio, pero que los ingenieros, los científicos y la gente que está trabajando no están aquí, sino que están trabajando fuera de aquí. Entonces, de nuevo, la relación con las máquinas cada vez va a ser mucho más amigable porque hay un interés por parte de los que venden en que así sea. Por otro lado, las autoridades públicas deberían reflexionar si podemos permitirnos un sistema en el que todo esté automatizado y la relación con el sistema productivo se base en un sistema automatizado cuyo cordón umbilical pasa por Estados Unidos o por China y cuyo valor añadido de esa producción no se queda aquí, sino que está en otro sitio. Luego, cuando a mi hijo le tengan que pagar la Erasmus o a mí me tengan que pagar la pensión, se va a hacer con las cotizaciones y con la plusvalía que haya quedado aquí, no con la que se haya ido a China o a EEUU. Y no sé hasta qué punto los ciudadanos tienen conciencia de ese problema que, a mi modo de ver, es un problema muy preocupante y sobre el que no estoy escuchando a nuestras autoridades públicas ni a nuestros gobernantes hablar de inversión en ciencia.

“Para poder hacer un análisis sofisticado con las nuevas técnicas de ciencia de los datos uno no necesita grandes máquinas, lo que necesita es conocimiento y ahí es donde hay que poner una gran parte de la inversión”

P. ¿Cómo cree que cambiará el acceso a la tecnología del Big Data en los próximos años?

R. Creo que tiene que haber un punto de ruptura en algún momento, y este punto de ruptura tiene que estar relacionado con que, de alguna manera, tiene que haber una regulación por parte de las autoridades públicas. Y ahí confío en que la Unión Europea, que en algunas ocasiones se ha preocupado por proteger los derechos individuales de los ciudadanos, necesariamente tome medidas de esta manera. No es razonable que estemos monitorizados por empresas que no tienen su sede en la Unión Europea y que no acatan las leyes de la UE. Podemos decir que nosotros hemos dado el clic y hemos aceptado las condiciones por las que mi teléfono móvil puede estar grabando ahora mismo esta conversación, pero también acepta uno el timo del tocomocho cuando le dan billetes falsos y eso se llama estafa. Y al que cae en la estafa seguramente se queda sin indemnización, sin ningún resarcimiento, pero el estafador puede acabar en la cárcel. Yo no estoy hablando ahora mismo de estafa, pero sí estoy hablando de que hay un abuso por parte de los sectores de las nuevas tecnologías en cuanto a la cantidad de información que adquieren sobre nosotros. Es verdad que nosotros hemos dado el clic en aceptar y cuando encendemos el móvil o cuando entramos en determinadas páginas web estamos aceptando el uso de cookies que van a estar haciendo la traza y que, si yo intento buscar un hotel de Elche, durante el próximo mes me van a estar saliendo en mi ordenador publicidad de hoteles de Elche, de apartamentos en Elche y de restaurantes en Elche sin pedirlo. Ahí hay un abuso que del mismo modo está ocurriendo en todo lo relacionado con la protección de datos personales, y yo creo que eso debe tener una regulación normativa. Si entramos en sectores que se están automatizando de una manera brutal, como puede ser los coches sin conductor, vamos a tener pronto coches circulando sin conductor y voy a poder pagar a la compañía para que mi coche se salte los atascos y que, en caso de una posible colisión, si hay que sacrificar a alguien, no me sacrifiquen a mí y sacrifiquen al de enfrente porque pagó menos. Eso necesita una regulación. Necesariamente tiene que haber una regulación. Esa regulación simplemente hará que este horizonte, que vemos ahora trepidante, en el que cada vez más estamos más vinculados con la tecnología, tenga que adquirir necesariamente un matiz distinto. Quizás más rígido; quizás no tan espectacular como podría ser, pero bueno es recordar que en la investigación no vale todo. Si estamos hablando de investigación con animales, no vale todo. Hacen falta unos protocolos éticos. La medicina iría mucho más rápida si pudiéramos hacer pruebas con humanos, pero eso es éticamente inaceptable. Entonces, del mismo modo, la tecnología y nuestra relación con la tecnología podría ser mucho más potente. Hay cosas éticamente reprobables y estoy convencido de que tiene que haber un cambio que nos proteja de los múltiples inconvenientes que tiene el Big Data sin mermarnos en demasía de los muchos beneficios que tiene también.

P. Antes de finalizar, ¿le gustaría añadir algo más?

R. Pues simplemente recalcar cuál es el futuro que le espera a la Estadística y a la Investigación Operativa en España. Como he dicho antes, necesitamos que nuestras autoridades públicas se vean en la necesidad de que, igual que se invierte y es absolutamente necesario que se invierta en promover, por ejemplo, la incorporación de la mujer al mundo de las STEM, de la Ciencia y la Tecnología, la Ingeniería y las Matemáticas, igualmente es necesario que toda la ciudadanía tenga una relación más amable con las STEM. En particular, con las Matemáticas y con el Análisis de Datos porque de ello depende nuestra libertad.

 

 

¡No te pierdas el seminario que Emilio Carrizosa impartió en el CIO!

Emilio Carrizosa (I): “Hace falta que la ciudadanía adquiera conciencia de que, para ser libre, necesita mejorar globalmente el conocimiento de análisis de datos y de ciencia en general”

Emilio Carrizosa (I): “Hace falta que la ciudadanía adquiera conciencia de que, para ser libre, necesita mejorar globalmente el conocimiento de análisis de datos y de ciencia en general”

IMG_2474Emilio Carrizosa en el CIO el pasado 27 de mayo. | Foto: Irene Moreno

Emilio Carrizosa compagina su trabajo como catedrático en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa de la Universidad de Sevilla, con la dirección del Instituto de Matemáticas de la Universidad de Sevilla (IMUS) y la presidencia de la Sociedad Española de Estadística e Investigación Operativa (SEIO). A lo largo de su carrera ha recibido diversos galardones de prestigio como el Premio Nacional de Licenciatura, el Premio Extraordinario de Doctorado o el Premio de investigación de la Real Maestranza de Sevilla y ha publicado un centenar de trabajos sobre sus dos líneas de investigación: la Optimización Matemática y la Ciencia de los Datos. Además de los problemas matemáticos del mundo académico, confiesa que también le interesan mucho los problemas del mundo real. Por ello, colabora como asesor externo de organismos y empresas en diversos temas relacionados con la aplicación de las Matemáticas a la sociedad y la industria.

Pregunta. Durante el debate electoral de RTVE para las elecciones generales de abril publicó el siguiente tweet: “Ahora es cuando saca una tarjetita sobre inversión en Ciencia. Ah, no, ahora no”. ¿Por qué no se le da a la ciencia la importancia que merece?

Respuesta. No se le da la importancia que merece porque son inversiones a muy largo plazo en las que los ciudadanos no ven de inmediato el retorno de esa inversión. Si decimos que vamos a abrir una línea de AVE, en el momento en el que empieza la obra, empieza el soterramiento de la vía dentro del casco urbano de la ciudad y no se dan cuenta de que su vida aparentemente mejora muchísimo con esa infraestructura. Si dedicamos el dinero a la ciencia, en particular a la formación de estudiantes de doctorado; a contratar nuevos investigadores en todos los estadios de la carrera, ¿de qué manera el ciudadano de a pie va a darse cuenta de que su vida va a mejorar? Hace falta mucho valor por parte de los dirigentes políticos para quitar parte de ese dinero que es finito y que se destina a cosas que dan un resultado inmediato y dedicarlo a una inversión a largo plazo. Por otra parte, el tejido industrial que tenemos en el Estado es un tejido donde no todo requiere una gran inversión en ciencia. Estamos hablando del turismo. Para poner copas en un chiringuito en la playa no hace falta hacer una gran inversión en ciencia. Entonces, si queremos mantener el tejido productivo donde lo que hacemos es construir apartamentos junto a la playa y llenarlos de camareros para que pongan copas en los chiringuitos, la ciencia no hace falta. Si quisiéramos cambiar el sistema productivo y tener otro de mucho mayor valor añadido, necesariamente haría falta mirar a nuestros vecinos: a Francia, a Alemania, al Reino Unido, que se toman muy en serio la inversión en ciencia.

P. Carmen Herrero, en su discurso tras recibir el premio Rey Jaume I en Economía, dijo: “Un país que no investiga, que no innova, que no crea producto y no es capaz de ponerlo en el mercado tiene las puertas cerradas al porvenir”. ¿Qué se puede hacer para mejorar la financiación en ciencia?

R. Primero hay que cambiar la cultura. Los ciudadanos tienen que ser conscientes de que, si el cáncer hace no tanto tiempo era una enfermedad mortal y ahora lo es menos, si la mortalidad del VIH ha decaído y lo mismo con tantas enfermedades, si tienes internet con wifi al mismo tiempo y tenemos las opciones que tenemos, todo es gracias a la ciencia. Es decir, la ciencia está en todos los aspectos de nuestra vida. Además, ahora tenemos otro problema que no solo afecta a la ciencia, sino a la parte que a mí más me preocupa, que es la relacionada con la Estadística y la Modelización Matemática: la necesidad de luchar contra las fake news. Luchar contra las noticias que no tienen una fuente solvente. Para eso hace falta un pensamiento crítico, que es ciencia en sentido amplio, porque entraría incluso la Filosofía y las Humanidades. Por otro lado, es necesario saber interpretar de manera autónoma la información que aparece en los medios para poder discernir cuándo te están diciendo la verdad y cuándo te están mintiendo. Ahora mismo es muy complicado para un ciudadano
no formado distinguir cuándo un dirigente político en un debate dice una cosa y hay otro que dice la contraria. Es muy difícil que un ciudadano no formado en ciencia o en datos pueda saber quién está diciendo la verdad y quién no. Hace falta que la ciudadanía adquiera conciencia de que, para ser libre, necesita mejorar globalmente el conocimiento de análisis de datos y de ciencia en general.

“Si quisiéramos cambiar el sistema productivo y tener otro de mucho mayor valor añadido, necesariamente haría falta mirar a nuestros vecinos de Francia, Alemania y Reino Unido”

P. Ha realizado visitas de investigación a varias universidades extranjeras como la Universidad de Viena, la Universidad de Montreal, la Universidad Libre de Bruselas, la Universidad de Chile o también la Copenhagen Business School. ¿Qué métodos de investigación y enseñanza están usando en estos lugares que puedan beneficiarnos aquí?

R. En cuanto a la docencia, no veo grandes diferencias o inconvenientes con respecto a otros países como Francia, Alemania o Reino Unido. Salvo un aspecto relevante que es el grupo pequeño. En España tenemos un grupo masificado de alumnos que no permite la docencia personalizada, quizás esa sea la gran diferencia. Con respecto a la investigación, las diferencias son notables. Es inconcebible, en la mayor parte de los países avanzados, que uno solicite un proyecto de investigación y un año después no sepa si ese proyecto va a estar financiado o no, y que otro año después sea cuando reciba la financiación para el mismo. Eso produce una inestabilidad enorme en los equipos que dificulta gravísimamente la captación de gente joven dispuesta a hacer el trabajo de base que es básico en la investigación. Además, esto hace que los buenos estudiantes acaben yéndose. Acaban cayendo en la tentación de entrar en el mundo de la industria. En particular, dentro del ámbito de la Estadística y la Investigación Operativa, hay una demanda fortísima por parte de las empresas de nuevas tecnologías y de servicios relacionados con el Big Data. La otra tentación es irse al extranjero a universidades europeas donde van a tener unos contratos estables que les van a permitir desarrollar su carrera profesional haciéndola incluso compatible con su vida personal, algo que el sistema de ciencia español lo pone muy difícil.

P. El IMUS encabeza el ranking como el mejor instituto universitario matemático en España y usted es su director actualmente. ¿Cree que están cerca de conseguir una ayuda como el distintivo Centro de Excelencia Severo Ochoa o la Unidad de Excelencia María de Maeztu?

R. Es muy difícil conseguir esas ayudas. La dificultad no reside tanto en los méritos científicos, sino en los obstáculos administrativos que nos plantean. Estamos muy decepcionados con el hecho de que el IMUS, que en todos los rankings internacionales aparece en puestos destacados en cuánto a Matemáticas, y no solamente en los rankings internacionales, sino en otras métricas que utilizamos aquí como el número de proyectos conseguidos en las convocatorias públicas, no reciba ninguna de estas ayudas. En ocasiones, estamos presentando nuestra solicitud para obtener el sello de excelencia y, en algunos momentos, nos hemos quedado fuera, pero la gran lucha que tenemos no es tanto el mejorar la excelencia científica que, por supuesto, la intentamos mejorar en cada momento, sino luchar contra los obstáculos administrativos que nos encontramos. No hay una convocatoria estable con unas reglas de juego estables, sino que de una anualidad a la siguiente aparecen nuevas restricciones para poder solicitarla que nos dejan fuera y que nos obligan a rediseñar la estrategia. Entonces, en el IMUS no podemos y mucho me temo que tampoco pueden otros centros de investigación con la potencia y el entusiasmo que podemos tener nosotros. No podemos tener una estrategia definida a medio y largo plazo que nos permita aspirar a un sello de excelencia porque no sabemos a qué nos van a obligar al año que viene. Hay una condición en esta última convocatoria, que a mí me parece inexplicable, y es que pueden acudir asociados de distintos centros siempre que el ámbito sea provincial. En comunidades autónomas uniprovinciales puede ser muy interesante, pero en comunidades como la Comunidad Valenciana, donde hay investigación en todas las provincias, y en todas las universidades que están en distintas provincias, como es la nuestra, que tenemos ocho provincias… y se pretende vertebrar desde los poderes públicos la investigación en todas las comunidades autónomas. Esto nos impide hacer de una manera nítida una alianza con el Instituto de Matemáticas de Granada porque tenemos que estar siempre haciendo unos diseños estrafalarios para poder entrar en las convocatorias.

“La ciencia no recibe la importancia que merece porque son inversiones a muy largo plazo y los ciudadanos no ven de inmediato el retorno de esa inversión”

P. Ahora mismo está en marcha la creación del Instituto Andaluz de Matemáticas. ¿Cree que con ello podrán recibir esas ayudas?

R. No, ni con esas. No podemos. Si hubiera estado ya aprobado por el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía sí, pero estamos en la fase administrativa. Han mandado nuestra petición y nuestro informe a referir y los evaluadores han pedido una serie de modificaciones que se han hecho. Además, hemos tenido un cambio de gobierno en la Junta de Andalucía que ha ralentizado el proceso, pero hay una voluntad política por parte de nuestras universidades. No solo la de Granada y la de Sevilla. Hay otras universidades andaluzas que quieren unirse y tener una estructura en red de los centros de toda la comunidad Matemática. Y cuando hablo de Matemáticas hay que entenderla en un sentido amplio. No necesariamente es la Matemática fundamental, que también, sino el mundo de las aplicaciones. Nosotros, en nuestro Instituto de Matemáticas, no solamente tenemos gente que hace Álgebra, Cálculo, Análisis Matemático, Geometría y otras disciplinas tradicionales, sino que también tenemos gente que está en la frontera con la Ingeniería, como la gente con la que hacemos Investigación Operativa. Tenemos gente que está en facultades de económicas y está haciendo prácticamente Economía Aplicada y tenemos dos filósofos también que hacen Filosofía de la Ciencia en el instituto. La intención del Instituto de Matemáticas es agregar a toda la comunidad matemática en sentido amplio, es decir, aquellos que se dedican a la investigación de matemáticas y sus aplicaciones de todas las universidades andaluzas, siempre que tengan investigación de excelencia. En ese proceso estamos. Ahora bien, si el Instituto Andaluz de Matemáticas hubiera existido con capacidad legal hace unos meses para presentarse a la última convocatoria, no habría podido presentarse porque te exigen el haber estado creado unos años antes. E incluso si se presentara a la María de Maeztu tampoco podría porque su ámbito de actuación es superior a la provincia. Entonces, no encajamos. Aquí se produce una disfunción muy preocupante para nosotros, que es que en comunidades autónomas grandes sus respectivos gobiernos autonómicos han tenido la intención de no centralizar toda la investigación en un punto en concreto, sino de intentar crear una vertebración a través de toda la comunidad autónoma. Eso es incompatible con lo que, desde el Gobierno central, se está proponiendo o se ha propuesto hasta ahora. Si va a haber cambios o no, no lo sé. Yo lo espero, porque si no deberían decir claramente que desde el Gobierno central no se apuesta por la investigación en universidades cuya investigación no esté centrada en torno a una sola ciudad, sea Madrid, sea Barcelona…

“Es inconcebible, en la mayor parte de los países avanzados, que uno solicite un proyecto de investigación y un año después no sepa si ese proyecto va a estar financiado o no”

P. ¿Por qué cree que la sociedad española no tiene ningún problema en admitir que no sabe nada sobre matemáticas o estadística?

R. Esto está un poco relacionado con la cultura en la que nos encontramos. A mí me apena muchísimo cuando repaso las listas de premios Nobel y uno se da cuenta de que España ha tenido excelentes literatos, pero bien pocos científicos. Entre otras cosas, porque no han recibido el apoyo de las instituciones y no ha habido en ningún momento la necesidad de tener una industria potente ni de tener un sistema científico potente. La realidad no sé hasta qué punto ha cambiado. Si uno piensa tradicionalmente quiénes ocupan los altos cargos en la Administración Pública a nivel estatal, por ejemplo, Josep Borrell es de los nuestros y tiene un libro precioso de Optimización Matemática, pero es casi una excepción. Entonces, si todos son abogados del Estado cuyo último contacto con la ciencia fue cuando tenían quince o dieciséis años, en la Secundaria, es difícil que personas que abandonaron cualquier contacto con la ciencia hace tantos años tengan ahora la capacidad de entender lo mucho que se está jugando, porque ya no solamente es el futuro de nuestro sistema productivo. Si tenemos sistema productivo de camareros y de albañiles o tenemos un sistema productivo de empresas bio o de empresas de telecomunicaciones, eso está por un lado y es importantísimo. Es una iniciativa a largo plazo que tendría que plantearse el Estado. Pero, a fin de cuentas, no todo el mundo puede ser bioquímico o ingeniero de telecomunicaciones. Ni puede ser, ni debe ser, porque tampoco se trata de convertir a todo el mundo en ingenieros robóticos. Pero sí es importantísimo que, en una sociedad como la actual, en la que las redes sociales concentran tal cantidad de información y tal saturación de información, los ciudadanos entiendan que el decir “yo soy de letras” no es una razón para no saber de números. Esa confesión es equivalente a decir: “Soy un crédulo y me voy a tener que creer todas las mentiras que me están intentando transmitir de modo interesado, no sabemos muy bien quién”. El problema es que no somos ni siquiera conscientes de quiénes son aquellos que están en cada momento teniendo interés en transmitir una serie de noticias que son falsas y, en ocasiones, no son completamente falsas, sino que son
verdades a medias y los números no los puedes tirar; y las cifras las puedes presentar de diversas maneras para hacer parecer que la realidad es muy diferente a la que realmente es. Entonces, la sociedad como tal debe tomar conciencia de que decir “yo veo números, pero no entiendo porque soy de letras” es lo mismo que decir “yo asumo que no soy libre porque no soy capaz de discernir entre lo que es verdadero y lo que no lo es”. Y esa falta de libertad puede tener unas consecuencias terribles.

Continuará…

 

 

¡No te pierdas el seminario que Emilio Carrizosa impartió en el CIO!

Carmen Herrero (II): “Los profesores que investigan mucho dan mucho mejor las clases porque saben más y son capaces de transmitir conocimiento de una forma mucho más ajustada y precisa que los que se limitan a recitar la lección”

Carmen Herrero (II): “Los profesores que investigan mucho dan mucho mejor las clases porque saben más y son capaces de transmitir conocimiento de una forma mucho más ajustada y precisa que los que se limitan a recitar la lección”

Foto 2Carmen Herrero en el CIO el pasado 21 de mayo. | Foto: Carla Serrano

Puedes leer la primera parte de la entrevista a Carmen Herrero aquí.

Pregunta. También ha tenido experiencia en la gestión y evaluación del sistema universitario español y hoy ha presentado en el CIO un trabajo sobre cómo agregar información que viene dada en varias categorías como pueden ser docencia, investigación… ¿Qué credibilidad cree que tienen los rankings que suelen publicarse de universidades?

Respuesta. Primero hay que destacar que hacer rankings de universidades es muy poco informativo. Tiene más sentido hacer rankings de titulaciones. Si quieres estudiar Matemáticas, lo que te interesa es que tu carrera sea buena, independientemente del ranking de la universidad. Puede ser que una universidad salga muy bien posicionada porque tiene una Facultad de Medicina que es muy buena y exitosa, y luego resulta que la Facultad de Ciencias no es buena en absoluto. Cuando alguien va a decidir qué va a estudiar lo que le interesa es qué universidad es buena en lo que quiere estudiar, y estos rankings no dan esa información, o la dan de modo poco accesible. Otro elemento muy importante es que la calidad del profesorado en la universidad es determinante a la hora de que los estudios sean buenos. Hay una falacia, y es que los profesores que investigan mucho dan peor las clases. Eso no es verdad en general. Los profesores que investigan mucho tienen más posibilidades de dar mejor las clases porque saben más y son capaces de transmitir conocimiento de una forma mucho más ajustada y precisa que los que se limitan a recitar la lección. Es decir, la dicotomía entre docencia e investigación es falsa. A mejores investigadores, mejores docentes. Así que, para saber si una titulación es buena o no, es importante saber cómo es de buena la gente que está llevando adelante esa titulación. Por ejemplo, los índices de aprobados no dicen mucho respecto de la calidad de una titulación. En muchos casos, los indicadores que están manejando a la hora de hacer los rankings de universidades son más que dudosos.

P. Durante su discurso en la ceremonia de los premios Jaume I afirmó que “un país que no investiga, que no crea, que no innova y que no pone su producto en el mercado tiene las puertas cerradas al porvenir”. ¿Qué se puede hacer para promover la investigación en España?

R. En este país sucede que en investigación no estamos mal, en innovación estamos peor, y en la parte de puesta en el mercado estamos fatal. Para que el país se desarrolle adecuadamente hacen falta las tres patas. En nuestro país hay muchas barreras para emprender, y esa es una de las cosas que la legislación debería cambiar; no poner tantas trabas administrativas. Pero también hay otra cosa importante, y es que el acceso a los mercados de capitales tiene que ser más fácil. No puede ser que solamente puedan conseguir préstamos para crear empresas los que ya tienen una empresa exitosa creada. Hay que dar incentivos a la creación. Los bancos en este país están muy mal acostumbrados. Y cuando han tenido problemas, se los hemos resuelto los ciudadanos. En este sentido, todavía hay mucho por hacer. Otro elemento importante es que en este país tenemos mucha aversión al riesgo. Por ejemplo, la gente que hace investigación en Química o Física, tendría que patentar más, deberían montar empresas para vender sus productos. Se hace algo a nivel de los Parques Científicos, pero es muy escaso. En la universidad se vive de forma muy cómoda; vivimos en una burbuja.

“En nuestro país hay muchas barreras para emprender, y esa es una de las cosas que la legislación debería cambiar; no poner tantas trabas administrativas”

P. ¿Cómo ha cambiado la visión de la mujer desde que empezó su trayectoria en la universidad hasta ahora?

R. Yo siempre he sido un poco un bicho raro. Empecé haciendo Matemáticas en un momento en el que casi las únicas mujeres que estudiaban Matemáticas eran las monjas para dar clase en sus colegios. En lo que se refiere a la carrera universitaria, yo empecé siendo ayudante. Luego hice la tesis en Matemáticas, me cambié a Economía e hice unas oposiciones de adjunto, lo que ahora se llama “titular”. Y en un momento dado me presenté a una cátedra. Las cátedras salían a nivel nacional de una a una, muy espaciadas. En la primera cátedra nos presentábamos dos personas. Estaba claro que se la iban a dar a la otra persona porque venía de Madrid y tenía padrinos, pero después había otra cátedra y se suponía que esa me la iban a dar a mí. Aquellas oposiciones tenían once ejercicios. Era una carrera a contrarreloj. Hice la primera oposición y llegamos hasta el final. Luego, a los dos meses, llegó la otra oposición y sorprendentemente se presentó una persona que acababa de leer la tesis. En esa época te podías presentar directamente a una cátedra. Fue una oposición absolutamente demencial. Y hubo bastantes cosas muy sucias durante esa oposición. Me sentí muy mal tratada, entre otras cosas, por ser mujer. Y no la saqué. Pero, a pesar de todo, me vino bien porque, a raíz de eso, me fui a Oxford. Allí aprendí mucho y después la vida me ha tratado muy bien. Una cosa peculiar es que, cuando sacaron la Ley de Igualdad, había una normativa que obligaba a que hubiera mujeres en los tribunales. Ahora tiene que haber el mismo número de hombres que de mujeres, pero entonces simplemente se pedía que hubiera alguna. Me pasé un año en todos los tribunales de oposiciones, porque no había apenas mujeres que pudieran estar en ellos.

P. Como ya sabrá, las universidades están implementando algunas políticas de “discriminación positiva” hacia las mujeres, como la paridad en tribunales, puntuaciones diferenciales en proyectos de investigación… ¿Qué opina al respecto?

R. Cuando quieres que algún grupo que ha estado peor tratado tenga más posibilidades, tienes que darle más oportunidades. No estoy en contra de la discriminación positiva per sé, pero hay que ser muy cuidadoso en la manera de ponerla en práctica. Por ejemplo, en Alemania hace bastantes años intentaron poner una medida de discriminación positiva en las universidades. Allí cuando sacan una plaza se presentan varios candidatos y el departamento selecciona tres y los ordena. La tradición decía que siempre el rectorado nombraba al primero de la lista. Y estas cosas son importantes en estos países porque si, por ejemplo, has optado a una cátedra y, aunque no te la hayan dado, has salido en la terna seleccionada, pues eso lo puedes utilizar como arma de negociación en tu universidad. Allí se pueden negociar los salarios. La cuestión es que decidieron que, si había una terna y en la terna había una mujer, elegirían a la mujer en lugar de elegir al primero de la lista. ¿Qué pasó? Que dejaron de haber mujeres en las ternas. Hasta entonces, si estabas en una terna y eras una mujer era un mérito, pero lo que no puedes hacer es quitarle al departamento su decisión de a quién quiere contratar. Creo que no está mal discriminar positivamente a la mujer entre iguales, pero lo que no se puede hacer es favorecer a una mujer que no ha escrito nunca un paper. Si tienes 3 o 4 personas entre las que elegir, ¿por qué tiene que ser siempre un hombre si hay una mujer igual de buena? Hay que elegir con cuidado, y las medidas también tienen que ser razonables, pero yo estoy a favor de dar un empujoncito de visibilidad. Es importante que las chicas estudien carreras técnicas, porque el futuro está ligado a esos conocimientos. El futuro va a ser tecnológico.

“Creo que no está mal discriminar positivamente a la mujer entre iguales, pero lo que no se puede hacer es favorecer a una mujer que no ha escrito nunca un paper

P. Se supone que estamos saliendo de la crisis, o eso dicen… ¿Se están destinando más recursos a la investigación?

R. De momento no. Estamos saliendo de la crisis a base de recortar gastos, básicamente en educación, en sanidad y en servicios sociales. En este país la investigación es una cosa más compleja de lo que parece. En el resto del mundo hay financiación privada muy importante para la investigación, pero en España hay muy poca financiación privada en España. La mayor parte de la financiación que hay es pública.

P. Y, ¿cómo se puede convencer a las empresas para que inviertan en investigación?

R. Entre otras cosas, hay un elemento de cultura. Por ejemplo, en otros países las empresas importantes crean fundaciones o cátedras de verdad, pagando no sólo el salario del catedrático, sino además todo el laboratorio que funciona alrededor de este catedrático, los ayudantes de este catedrático… Hay un montón de dinero invertido y con los intereses se paga todo. Las empresas crean estas fundaciones por el reconocimiento social, por la propaganda, y muchas también por reconocimiento a la universidad y a la investigación. Si un catedrático financiado por una empresa consigue un premio Nobel u otro premio aporta mucho prestigio a la marca. Además, está bien visto socialmente y hay incentivos fiscales importantísimos. Aquí la ley de mecenazgo es muy deficiente. Se crean con el nombre de cátedras de empresas iniciativas muy pobres que, por ejemplo, dan algún curso especializado, como la Inditex de Sostenibilidad, pero no se crean cátedras como en el mundo anglosajón. Las empresas no contribuyen al desarrollo, en parte, porque la sociedad tampoco lo valora. Si la sociedad lo valorase, entonces lo harían. Hay que cambiar la cultura. Es un tema de cultura.

“Es importante que las chicas estudien carreras técnicas porque el futuro está ligado a esos conocimientos”

P. Escuchando sus palabras, la conclusión es que estamos fatal… ¿no?

R. Bueno, aquí no se está tan mal… se come de maravilla (risas).

P. Tras una prolija carrera se jubiló en septiembre del 2018, pero su amor por la ciencia la ha llevado a seguir investigando. ¿Cómo trata el estado a las personas en su situación?

R. Fatal. No me dejan participar en proyectos de investigación, porque como estoy jubilada se supone que ya no produzco. Participo, pero mi currículum no cuenta a la hora de conceder los proyectos. Hay cosas raras en el sistema de jubilación español. Yo, al jubilarme, he perdido la pensión de viudedad. Me quedé viuda hace catorce años, y mientras he estado trabajando tenía mi sueldo y la pensión de viudedad. Sin embargo, cuando me jubilo, ya pierdo la pensión de viudedad y me quedo solo con la mía. Con lo cual, se me baja el sueldo considerablemente. Además, la pensión es incompatible con que trabajes en cualquier otra cosa. Por ejemplo, yo he trabajado siempre para Naciones Unidas, para la Fundación BBVA, para la Fundación Ramón Areces… y cuando hacía estos trabajos, que eran de encargo, me los pagaban. Ahora ya no puedo hacerlos porque si los cobro, me tengo que rebajar la pensión. Hay un incentivo a que te vayas a tu casa y te quedes ahí. El sistema de investigación te aparta. Yo no me he apartado de momento porque esto me gusta mucho y mi departamento me quiere, pero lo tengo más difícil ahora que antes. El año pasado, en mi último sabático que pasé en Marsella, me estuvieron pagando ellos. Hace poco me ofrecieron dirigir un centro de investigación en California, pero no acepté porque está muy lejos de mi familia. Pero bueno, es una señal de que en otros países esto no les importa. Ellos dirán: “Mira, si esta señora ahora quiere venir aquí, estupendo”. También trabajé en el Ministerio de Ciencia e Innovación durante dos años en Madrid. La verdad es que ahora hay otro problema también importante porque mi generación, que fuimos los que dimos un poco la vuelta al sistema universitario y de investigación, nos estamos jubilando todos y se va a perder mucho potencial. Es necesario un relevo generacional.

 

 

¡No te pierdas el seminario que Carmen Herrero impartió en el CIO!

Carmen Herrero (I): “Para que las mujeres tengan más éxito en la investigación necesitan que la sociedad sea más igualitaria y tener las mismas posibilidades de realizarse como personas”

Carmen Herrero (I): “Para que las mujeres tengan más éxito en la investigación necesitan que la sociedad sea más igualitaria y tener las mismas posibilidades de realizarse como personas”

Foto 1Carmen Herrero en el CIO el pasado 21 de mayo. | Foto: Carla Serrano

Carmen Herrero (Madrid, 1948) se licenció en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid en 1970 y obtuvo su doctorado en Ciencias Matemáticas nueve años más tarde por la Universidad de Valencia. Sin embargo, ha dedicado toda su vida profesional a la Economía. Es catedrática de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alicante desde 1986, Investigadora del Ivie desde 1990, y ha impartido clases en países como Reino Unido, Austria o Italia. Durante su extensa trayectoria, ha llevado a cabo numerosas investigaciones cuyo fondo común es la preocupación implícita por los problemas sociales, en especial los relacionados con la equidad, el bienestar social y la economía de la salud. Su intachable labor y sus valiosas aportaciones en el campo de la Economía le llevaron a ser investida doctora Honoris Causa por la Universidad de Granada en 2014 y a recibir el Premio Rey Jaume I de Economía en 2017, convirtiéndose en la primera mujer en recibirlo en veintinueve ediciones.

Pregunta. A día de hoy, es la única mujer que ha recibido el premio Rey Jaume I en Economía. ¿Qué supuso ese galardón para usted?

Respuesta. Fue el reconocimiento a una carrera profesional muy larga. Fue muy bonito. También fui la primera mujer a la que se lo dieron; fue como un hito. Yo he vivido casi toda mi carrera profesional entre dos aguas: mis orígenes son matemáticos, y aunque soy economista hace mucho tiempo, no tengo ningún título de Economía. Mi único título es el Honoris Causa de la Universidad de Granada, pero no es un título oficial. El que al final me dieran este premio de Economía fue como un espaldarazo a toda mi carrera de economista.

P. Mirando las estadísticas parece que los galardones científicos no están hechos para las mujeres… ¿Qué opina sobre esto?

R. No es que no estén hechos para mujeres. Creo que lo que ocurre es que, en general, las mujeres lo tenemos un poco más difícil, sobre todo en carreras más competitivas como la investigación. A no ser que tengas una pareja o un marido que sea muy cooperativo, socialmente se espera que la mujer haga la mayoría de las tareas domésticas, que se encargue de los niños… si estás haciendo eso y además estás dando clase, te queda poco tiempo para investigar. Para que las mujeres tengan más éxito en la investigación necesitan que la sociedad sea más igualitaria y tener las mismas posibilidades de realizarse como personas. El año que me dieron el premio fuimos cuatro mujeres premiadas en las distintas especialidades y fue un hito porque antes había habido muy pocas mujeres premiadas.

“Hay personas potencialmente talentosas de clases bajas que quizás ni siquiera llegan a entrar en la universidad porque se pierden por el camino”

P. Su tesis doctoral, que lleva por título Espacios de funciones holomorfas cuyas derivadas se extienden por continuidad en un punto de la frontera del dominio y su relación con los espacios de funciones holomorfas con desarrollo asintótico, es muy matemática. Sin embargo, posteriormente ha trabajado en problemas de asignación, medición del desarrollo humano, teoría de juegos y elección social. ¿Cómo ha sido ese tránsito?

R. Empecé haciendo Matemática pura. Hice una tesis en análisis funcional, que es una de las cosas más abstractas que te puedas imaginar. Entonces, empecé a dar clases de matemáticas a los economistas, y los colegas de la Facultad de Económicas de la Universidad de Alicante empezaron a venir a hablar conmigo para plantearme problemas que no sabían resolver. Así empecé a leer sobre Economía y, a partir de ahí, me empecé a interesar por los temas económicos. Después hice una estancia en Oxford y asistí a clases de dos premios Nobel en Economía: Amartya Sen y James Mirrlees. Ese año aprendí mucho de Economía. Además, a mí siempre me han interesado mucho los temas sociales, de justicia, de equidad, de desigualdad y de pobreza.

P. Ha publicado varios artículos proponiendo mejoras en la medición del desarrollo humano. ¿Es ya un índice perfecto?

R. No, porque los cambios en estas instituciones son muy lentos, pero es un paso adelante. He participado en la ONU la mejora del índice de desarrollo humano desde el punto de vista técnico, y también en la UNEP, en Ginebra, participamos en el desarrollo de un indicador de progreso verde. Los indicadores nunca son perfectos. Es muy difícil encontrar un indicador perfecto porque, en estos indicadores se mezclan muchas variables, y hacerlo correctamente es bastante complejo.

“La universidad española ha mejorado en algunos aspectos, pero estamos muy lejos de tener una universidad competitiva de verdad”

P. En el campo de la educación, ha desarrollado un algoritmo junto a Antonio Villar para detectar si los hijos han mejorado con respecto a los padres. ¿Qué resultados ha obtenido?

R. Hemos hecho varios estudios de educación a partir de los datos de PISA. Es decir, explotar los datos de PISA de distintas formas y ver qué es lo que nos dicen esos datos. Por ejemplo, mirando el nivel socioeconómico de los padres, analizar cómo esto influye en los resultados de los niños. Hemos visto que no hay movilidad generacional, es decir, que pervive la diferencia en educación por las diferencias socioeconómicas. La gente con menos recursos tiene menos posibilidades de desarrollarse como personas porque existen barreras invisibles desde el comienzo de la vida, y la educación pública no consigue equilibrar las diferencias.

P. Precisamente, a raíz de la respuesta que acaba de dar, quiero recordarle una frase que pronunció usted: «Hay pocas becas y no son generosas con los individuos talentosos de clases bajas». ¿Considera que la educación en España es elitista?

R. Sí. Por ejemplo, las tasas universitarias cubren el 10% del coste real de la educación universitaria. Si un estudiante paga mil euros, el coste real de su curso es de 10 mil euros al año. Entonces, esos 9 mil euros extras, ¿quién los paga? Los paga el Estado. Esto es una transferencia de dinero del Estado hacia los individuos que están en la universidad. ¿Quién se beneficia de esto? Las clases altas, porque ellos son los que se pueden permitir tener a sus hijos estudiando sin trabajar, e incluso que repitan curso infinitas veces. Una persona de un estrato social bajo, aunque le den una beca que le pague los mil euros de matrícula, tendría que tener una beca salario para poder vivir y no trabajar mientras está estudiando para tener igualdad de acceso. Es decir, la educación universitaria es una transferencia que favorece a las clases medias-altas. Y luego hay otro elemento, y es que hay personas potencialmente talentosas de clases bajas que quizás ni siquiera llegan a entrar en la universidad porque se pierden por el camino. En España hay una tasa de abandono escolar enorme y aunque hay educación obligatoria hasta los 16 años, las oportunidades dependen mucho del colegio en el que estudies, de los compañeros y del ambiente en la casa. Una de las cosas que más influyen, y que está comprobado en los resultados de PISA, es el nivel de educación de los padres. Si tus padres son universitarios, tienes una ventaja comparativa sobre las personas cuyos padres no tienen estudios. Hay muchos elementos a mejorar en términos de justicia social.

“En lugar de crear un sistema en el cual los estudiantes se desplazan a otra ciudad a estudiar, se ha puesto la universidad en la puerta de casa”

P. Usted ha sido muy crítica con la ausencia de asignaturas de Economía en la educación secundaria. ¿Cree que esto nos ha hecho ser un país inculto en materia económica?

R. Lo que creo es que el bachillerato de Ciencias Sociales no es adecuado para estudiar Economía. Yo abogaría por un bachillerato más transversal. Antes todos estudiábamos Latín, Matemáticas, Filosofía… independientemente de la rama que habías elegido. Creo que ahora se elige la rama demasiado pronto. Eliges hacer un bachillerato de Ciencias Sociales cuando no sabes qué vas a estudiar. Y al bachillerato de Sociales le falta formación técnica. La carrera de Economía, en particular, es una carrera bastante técnica. De hecho, hay más Matemáticas que en muchas carreras de ciencias. Por ejemplo, hay más Matemáticas en Economía que en Química o Biología. Entonces, poner Economía dentro del campo de las Ciencias Sociales hace que los alumnos que hacen el bachillerato de Sociales no tengan suficientes Matemáticas en bachillerato y al llegar a la carrera se encuentran con una barrera importante porque no tienen esos conocimientos adquiridos. En este sentido, creo que un bachiller más transversal sería mejor. Y quiero dejar claro que no estoy abogando porque haya más Matemáticas y menos Literatura. Creo que ese bachillerato debería ser suficiente como para que la gente adquiera un gusto por leer, por conocer la Historia. Es que ahora mismo hay muchas personas que no saben casi nada de nada… Por ejemplo, mi hermano pequeño hizo el bachillerato de Ciencias, y mi hermano mayor estaba estudiando Ingeniería y yo Matemáticas. Entonces, este hermano pequeño fue a estudiar primero Ingeniería y lo aprobó todo, pero no estaba convencido, así que, como el primer año era común, el segundo año hizo segundo de Matemáticas. Lo aprobó y decidió que tampoco le gustaba. Se cambió a Filosofía y Letras, y acabó siendo catedrático de Lengua Española. Si no tienes esta capacidad versátil de tener suficiente bagaje como para cambiar en un momento determinado, es mucho más difícil hacerlo, pero es que la gente se equivoca. Yo empecé siendo matemática y ahora soy economista.

P. Ya que estamos hablando de estudios, me gustaría preguntarle por los doctorados. En una conferencia que impartió en la Universidad de Alicante afirmó que los doctorados siguen siendo nuestra asignatura pendiente. ¿Mantiene esta postura a día de hoy?

R. Hay muchos problemas en la universidad española, y creo que uno de los errores del sistema actual es que los grados duran cuatro años. En general, los grados son de tres años. Por otro lado, no se controlan adecuadamente los másters, y se ha dejado a las universidades que hagan todos los doctorados que quieran. Creo que hay un problema muy importante en relación a la calidad de las universidades españolas. Puedes pensar que todo el mundo puede impartir un grado, pero lo que no es posible es que todo el mundo ofrezca un postgrado. Y como no hay control sobre los postgrados, el único control es el de la universidad. Está la ANECA, que básicamente no controla, porque en realidad no miran la calidad. En muchos casos los postgrados se han convertido en una forma de hacer dinero y algunos son una estafa, cuando detrás de un título de máster no hay ningún aprendizaje sustantivo. En nuestro programa de doctorado, los estudiantes que entran a hacer postgrado hacen primero el máster, que son dos años, con dedicación exclusiva y luego tres años de tesis. Durante esos cinco años, estas personas no hacen otra cosa que estudiar y, aun así, no tienen tiempo de hacer lo que tienen que hacer. En los países anglosajones el grado es bastante light, pero los postgrados son mucho más serios. En España se ha distinguido entre másteres de investigación y profesionales, pero en general se controlan muy poco. Por otro lado, los másteres de investigación y los doctorados están en muchos casos dirigidos a que la gente que los cursa se quede en los departamentos. Hay una cosa que me hace mucha gracia y es que a mí me han acusado de “dilapidar el capital humano de la Comunidad Valenciana” porque nuestros estudiantes se van. Y yo creo que no, porque si estos estudiantes se van por el mundo es porque valen, porque alguien me los compra. Si yo estoy generando un producto que solo me lo compro yo, hay poco que hacer…

“Las claves del éxito del Departamento de Fundamentos de la Universidad de Alicante son: no quedarte con tus doctores, contratarlos de otras universidades y ser exigente en la estabilización”

P. En alguna ocasión ha afirmado que el problema de las universidades es que “hay café para todos”. ¿La cafetera sigue siendo tan generosa ahora mismo?

R. Las universidades son un problema brutal. En este país se optó por un modelo de universidad en la puerta de tu casa. Lo que hicieron fue crear muchas universidades, pocas becas y que la gente estudiase en la universidad de al lado. Las universidades tienen una especie de alumnado cautivo que está formado por los estudiantes de la provincia, de la ciudad o del entorno más próximo. Así que, en lugar de crear un sistema en el cual los estudiantes se desplazan a otra ciudad a estudiar, se ha puesto la universidad en la puerta de casa. Por otro lado, tenemos el sistema de elección de rectores, que produce unos incentivos que conducen a mantener todo como está. Es muy difícil cambiar la universidad desde dentro, porque hay muchos departamentos y mucha endogamia. En general, la mayor preocupación de los rectores es que no haya ruido y, el café para todos, en este sentido, es la receta más fácil. No hay un gran control. No es que la universidad ahora sea peor que antes. Ha mejorado en algunos aspectos, pero estamos muy lejos de tener una universidad competitiva de verdad.

P. Usted consiguió meter al Departamento de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alicante en una liga muy competitiva en la que se encontraban universidades como la Carlos III de Madrid, la Pompeu Fabra o la Autónoma de Barcelona. ¿Puede contarnos cuál es la receta del éxito?

R. El secreto del éxito es estar loco y creérselo. Hubo un momento en el que la Facultad de Económicas y el Departamento de Fundamentos de la UA se crearon desde cero. Y tuvimos la suerte de que, al principio, coincidimos allí unos cuántos que estábamos todos locos de atar. También coincidió con un momento en el que volvieron de estudiar en el extranjero bastantes economistas que habían salido de España y que volvían con doctorados de EEUU o de Inglaterra. Había una masa de gente nueva, de savia nueva bien formada, que entró en la universidad Autónoma de Barcelona, en la universidad Carlos III, la Pompeu Fabra… Estas universidades nuevas acogieron estos nuevos investigadores y nosotros en Alicante también nos subimos a este carro porque queríamos ser tan buenos como ellos. Hubo un compromiso entre varios departamentos de Economía, que era un compromiso de funcionamiento. Nos comprometimos a no quedarnos con ningún doctorando nuestro. Eso significa fuera la endogamia. De hecho, todos nuestros doctorandos están trabajando en otro sitio. No nos quedamos con ninguno. Como no nos quedábamos con nuestros doctores teníamos que contratar, ¿y dónde contratábamos? Pues se creó un mercado en el que contratábamos a gente que se había formado fuera que venía con una tesis debajo del brazo de sitios muy buenos. Las universidades en general les cerraban la puerta y nosotros se las abríamos. Empezamos a contratar gente de esta forma. Y esto fue lo que cambió, por eso hoy estamos aquí. Y luego lo que hacíamos con estos doctores jóvenes es lo que hacen en el mundo anglosajón y que llaman Tenure Track. Consiste en que entras en un departamento con un contrato después de un postdoctorado y estás durante 5 años a prueba. Después de ese tiempo te evalúan y se decide si te dan una plaza fija o no. Este es el proceso de Tenure Track. Así que en este tiempo, a algunos les hemos dicho que sí y a muchos les hemos dicho que no. Esa es la otra diferencia: no todo el que entra se va a quedar. Así que el funcionamiento de nuestro departamento es este: nosotros contratamos fuera y todos nuestros doctores salen al mercado. Esto también pone a Alicante en el mapa. Todo el mundo sabe dónde está Alicante gracias a esta forma de funcionamiento. Por otro lado, los profesores que están en el departamento están muy activos en investigación, publican a menudo, tenemos varios seminarios a la semana, vienen investigadores de todo el mundo y hay un intercambio continuo de conocimiento. Pero las claves son: no quedarte con tus doctores, contratarlos de otras Universidades y ser exigente en la estabilización.

Continuará...

 

 

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Enrique Zuazua (II) “Creo que el sistema universitario y científico español necesita muchas reformas en profundidad, pero van a llevar mucho tiempo”

Enrique Zuazua (II) “Creo que el sistema universitario y científico español necesita muchas reformas en profundidad, pero van a llevar mucho tiempo”

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Enrique Zuazua impartiendo un seminario en el CIO el pasado 16 de mayo. | Foto: Carla Serrano

Puedes leer la primera parte de la entrevista a Enrique Zuazua aquí.

Pregunta. Desde 2016 lleva a cabo su proyecto Advanced Grant “DYCON-Dynamic Control” del Consejo Europeo de la Investigación (ERC). ¿Qué puede contarnos sobre él?

Respuesta. Los sistemas dinámicos son algo consustancial al mundo, porque todo se mueve. El universo, se podría decir, está constituido por formas en movimiento: el viento, los árboles, el agua, las olas, los aviones, los vehículos, las personas, los animales, incluso el pensamiento, los impulsos neuronales, el pálpito de nuestro corazón… Todo eso son formas en movimiento. La disciplina matemática que describe ese movimiento es lo que se denominan Sistemas Dinámicos, que permiten emular, reproducir el movimiento de todos esos objetos que nos interesan, todas esas cantidades, la bolsa, la riqueza, la temperatura, el cambio climático. La disciplina del control intenta desarrollar teorías, desde un punto de vista matemático que expliquen en qué modo podemos actuar en estos sistemas para regular su evolución. Uno de los retos más grandes a los que nos enfrentamos es al cambio climático: ¿Qué medidas tenemos que tomar hoy para evitar que continúe cambiando el clima y que siga aumentando peligrosamente la temperatura y, por ejemplo, en España, la desertización siga avanzando? El control de un sistema dinámico consiste en dar respuesta a esa cuestión.

P. ¿Qué otras aplicaciones pueden tener esta disciplina?

R. Está en todo. Las terapias médicas son sistemas dinámicos de control. Cuando el médico le dice al paciente: “Usted tiene el colesterol alto y tiene que caminar, hacer dieta y tomar una pastilla al día”, eso es controlar un sistema dinámico. El control es precisamente ese conjunto de medidas ya implementadas. Podríamos hablar de todos los procesos industriales. Las redes eléctricas son un sistema dinámico. Todos queremos tener luz en casa y para eso hay que estar permanentemente regulando el sistema. De hecho, el sistema energético es complejo también por su dimensión económica y social, por los precios de la energía, etc. ¿Cómo se regula la economía? Cuando el Banco de Europa establece el precio de dinero en un índice o en otro está controlando un sistema. La Economía es un sistema dinámico; y las autoridades monetarias se anticipan 6 meses a lo que cree que puede estar ocurriendo en la economía y a lo que puede hacer para compensar las posibles derivadas negativas. Por ejemplo, si queremos que la gente pueda adquirir una vivienda, tendremos que reducir el tipo de interés de los préstamos. Sin duda, uno los ejemplos más notorios y cotidianos de lo que pueden ser las aplicaciones de la teoría del control es el termostato de casa. Ahora lo damos por hecho, pero el termostato lo que hace es que, si elegimos la temperatura de 19 grados, inyecta calor o frío para mantener la temperatura siempre a 19. El termostato, las misiones espaciales, los robots… todo son sistemas dinámicos.

“Los sistemas dinámicos son algo consustancial al mundo porque todo se mueve”

P. Recientemente entrevistamos a Francisco Marcellán y nos dijo que el principal problema al que se enfrentan las Matemáticas ahora mismo en nuestro país es a la gran fuga de cerebros matemáticos. ¿Está de acuerdo? ¿Qué podemos hacer para evitarlo?

R. Todo depende de dónde uno pone las fronteras. Lo que sí es cierto es que la ciencia y el mundo universitario es cada vez más global. Antes cada uno hacía la carrera en su universidad, ahora el Erasmus es casi sistemático. Es algo relativamente nuevo, pero que ya está implantado y forma parte de nuestro comportamiento social. El que los alumnos se vayan a hacer un máster o un doctorado al extranjero es cada vez más habitual. Y que luego esas personas se queden en esos países también es cada vez más frecuente. La Unión Europea se constituyó como tal para que fuera un espacio de talento. La fuga se debe a que cuando una persona decide dedicar su vida a la carrera académica intenta buscar lugares donde va a tener el ambiente, el apoyo y los recursos necesarios para poder hacerlo. Y sí, es posible que España sea un país que exporta más que importa en cuanto a que las instituciones quizás no están siendo ejemplares a la hora de crear esos entornos. No creo que podamos echar la culpa ni a los Gobiernos, ni a los Rectores… es un proceso sociológico global. España entró en democracia hace 44 años y ha experimentado una metamorfosis extraordinaria. Las Universidades se han multiplicado y creado; están en todos los sitios. Y cada vez hay más centros y equipos de investigación. Y ahora que toda esa masa crítica se ha generado, empieza a tomar forma. Al igual que España trae determinado tipo de público para la Ciencia en el sentido de que hay alumnos que vienen de fuera y profesores que se quedan, hay otros que no conseguimos retener. Para eso haría falta tomar unas medidas que posiblemente llevarán bastante tiempo, porque tienen que ver con nuestro propio comportamiento humano, como ciudadanos, de nuestro modo de proceder en las instituciones universitarias. Y es cierto que, de manera inconsciente, preferimos que una persona que es muy destacada en su ámbito se vaya a otro país y que siga haciendo su carrera allí, que tenerlo cerca por la distorsión que eso supone en un entorno de confort en el que la gente se siente cómoda. Como dijo Ramón y Cajal, y creo que sigue siendo válido: “Más que escasez de medios, hay miseria de voluntades”.

P. Entonces, ¿cómo ve usted el futuro de las Matemáticas en España?

R. Las Matemáticas en España han alcanzado un nivel de salud razonable. Si yo en el año 79, en Bilbao, tuve la fortuna de hacer una carrera en la cual adquirí una formación muy buena, no me cabe duda de que eso es posible hoy en todas las universidades españolas, puesto que ahora están mucho más al día y mucho más en consonancia con lo que se está haciendo en otros países. Los equipos de investigación están prácticamente en todos los rincones. No hay preocupación por el futuro de la Matemática española, lo que sí considero que nos está pasando factura es esa sociología a la que hacía alusión Ramón y Cajal, que nos está restando fuerza. Si algunos españoles no consiguen desarrollar el trabajo que podrían desarrollar aquí no es porque no haya recursos, sino simplemente porque el entorno prefiere que no se haga.

“Si algunos españoles no consiguen desarrollar el trabajo que podrían desarrollar aquí no es porque no haya recursos, sino simplemente porque el entorno prefiere que no se haga”

P. ¿Y cree que hay alguna forma de cambiar esa mentalidad?

R. Creo que el sistema universitario y científico español necesita muchas reformas en profundidad, pero llevarán mucho tiempo. Posiblemente habría que cambiar la gobernanza en la universidad. Eso se ha dicho muchas veces, pero luego nadie osa tocar la ley que regula el funcionamiento de las universidades. Permitir que los rectores gestionen la universidad de una manera un poco distinta, más orientada a resultados. Que las personas que optan al Rectorado no deban ser obligatoriamente profesores del centro, que pueda haber más movilidad a ese nivel. También haría falta que la apuesta por la investigación de excelencia en los Planes Nacionales de Ciencia fuera algo más marcada. Aunque se han hecho intentos, la tendencia siempre es volver a un sistema consistente en difuminar los recursos entre todo el mundo. Al fin y al cabo, creo que se trata de intentar buscar el equilibrio entre dos fuerzas: la que aspira a la excelencia y la que intenta levantar el nivel promedio de manera más o menos consensuada. Y evidentemente los resultados son distintos. Por eso, no es sorprendente que cuando cada año se publica el famoso Ranking de Shanghái siempre sean los mismos los que están arriba. Y siempre seamos los mismos los que estamos en el lugar 300 o 400, o simplemente no estamos. Creo que es una tarea colectiva que llevará tiempo. Somos un país muy reciente a nivel universitario frente a otros que llevan siglos cultivando sistemas de educación muy orientados a la excelencia académica. Considero que es importante desarrollar los marcos normativos que hagan que la educación pública y la privada puedan coexistir y enriquecerse mutuamente. A veces, analizamos estas cuestiones de manera simplista, pues en Estados Unidos la universidad pública apenas recibe el 15% de financiación del Estado y el resto es tan privado como en nuestra privada. Incluso concepciones en temas clave como “lo público versus lo privado” tienen que ir cambiando de cara al futuro y evolucionar a modelos un poco más híbridos, tanto en las universidades como en la investigación.

 

 

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